sáb

13

abr

2013

Hipergrafía: la escritura como enfermedad

Hipergrafía o escribirlo todo
Hipergrafía o escribirlo todo

   Alguna vez he hablado de las propiedades terapeuticas de la lectura y de la escritura. Literapia o literatura que cura. Pero la escritura también tiene un lado oscuro y enfermo. El de la hipergrafía, a veces también conocida como grafomanía. Goethe escribió: «Si es posible, me gustaría dejar todo de mi vida. Pero nunca dejaría de escribir». Algo así es la hipergrafía.

 

   Según la neurología es la necesidad compulsiva de escribirlo todo, con todo lujo de detalles, y a todas horas. Muchas de las personas que padecen esta enfermedad tendrán un voluminoso diario, pero no dudarán en llenar de palabras hasta que no quede ni un solo hueco los márgenes de cualquier libro, las servilletas de una cafetería o cualquier minúsculo trozo de papel al alcance, incluso papel higiénico si no hay nada mejor sobre lo que escribir. No es simplemente pasión por la escritura o necesidad de expresarse como válvula de liberación, de desahogo o de escape, que es el sentido sano en que la usaría cualquier escritor, más bien es auténtica adicción a la palabra escrita como si fuese una potente droga. Es por eso que la hipergrafía es una forma de autodestrucción.

 

   La neuróloga Alice Flaherty dice que una persona padece hipergrafía cuando la escritura interfiere en actividades cotidianas, cuando se prefiere dejar todo de lado por escribir, cuando se descuidan las relaciones sociales o se abandonan las responsabilidades ‒el estudio o el trabajo‒ para recoger por escrito lo que quiera que sea. Incluso se puede llegar a extremos muy peligrosos como dejar de comer o de dormir. Por este motivo, Flaherty denominó a la hipergrafía con el nombre de «la enfermedad de medianoche» en un libro que lleva por título ese mismo nombre.

Honoré de Balzac
Honoré de Balzac

 

   Y verdaderamente esta denominación tiene mucho sentido si pensamos en Honoré de Balzac, el escritor con hipergrafía por excelencia. Balzac pasaba las noches en vela, bebiendo litros y litros de café y escribiendo sin parar. En realidad, también escribía durante buena parte del día: dedicaba quince horas diarias sin excepciones, lo que le dejaba muy pocas horas de margen para descansar. Eso explica que sus obras completas pasen de las 90 novelas, más infinidad de relatos y artículos periodísticos. En realidad, para completar su colosal Comedia humana balzac se había propuesto escribir nada más y nada menos que 137 novelas.

 

   Otros escritores de los que se suele decir que han padecido en mayor o menor grado hipergrafía son Cervantes, Dostoievsky, Virginia Woolf, Nietzsche, Cortázar o Stephen King. Pero Flaherty advierte que lo menos habitual al hablar de hipergrafía es encontrarnos con obras maestras o grandes escritores. Una cosa es la necesidad compulsiva de escribir y otra es hacerlo bien. La inmensa mayoría del pequeño número de hipergrafos que existen no llegan a convertirse en grandes escritores. La imagen del autor que escribe de forma obsesiva y casi autodestructiva no deja de ser un mito que no tiene mucho de realidad.

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