mar

05

mar

2013

Cómo Tim Noble y Sue Webster hacen arte con basura y con luz

Autorretrato de Tim Noble y Sue Webster
Autorretrato de Tim Noble y Sue Webster

   Lo que más me fascina de la obra de Tim Noble y de Sue Webster es el modo que tiene de despistar a primera vista, ese juego del gato y del ratón que desconcierta y aturde al espectador. Si entráramos en una sala con una de sus muestras ‒su primera exposición individual fue en 2006 en Londres y se tituló Nihilista Optimista‒ podríamos ver grandes pilas de basura dispuestas al azar, montones heterogéneos con trozos de madera, chatarra, latas, botes, bolsas de plástico, desechos orgánicos e incluso animales muertos. No sé por qué, pero me encanta esa primera sensación de fraude que genera su obra, la idea de que todo parece valer en el arte moderno y de que basta con situar un montón de mierda en la sala de un museo para que automáticamente se convierta en arte. No es incomodar por incomodar. Más bien es la intuición de que en ocasiones hay en el arte moderno algo que se nos escapa. Y en los montones de basura de Noble y de Webster lo hay.

 

   Si apagáramos las luces de la sala y encendiéramos los focos estratégicamente preparados se produciría la magia. La luz ilumina los residuos y proyecta una sombra en la pared del fondo que nos descubre la verdadera escultura, una escultura hecha de sombra. Si observamos con detenimiento veremos que hasta el más pequeño detalle se cuida en la proyección, lo que indica que no hay ni un solo desecho colocado al azar, que el montón de basura está milimétricamente calculado. Se atreven incluso con el autorretrato.

 

   Lo que Noble y Webster consiguen es redefinir la manera en que percibimos imágenes abstractas, darles un nuevo significado convirtiéndolas en imágenes figurativas y reconocibles, según un principio que recuerda inevitablemente al mito platónico de la caverna. Los prisioneros, sujetos por cadenas desde su nacimiento y obligados a mirar las sombras proyectadas sobre una pared, no aciertan a reconocer la forma verdadera de los hombres que pasan ante la hoguera portando los más diversos objetos. En definitiva, las apariencias engañan. Lo mismo en el siglo IV a. de C. que en la actualidad.

 

   La obra de Noble y Webster presenta además una curiosa peculiaridad porque trabaja con la luz como material de construcción fundamental. La escultura en sí no es ni el montón de basura ni la sombra, es la unión de todos los elementos. Primero tienen que darle forma a la basura y después buscar el ángulo desde el cual el foco acabará por conseguir la forma reconocible. Es necesario la luz proyectada para que la obra esté completa.

 

   Arte que en principio no parece arte, con grandes dosis de caos urbano, de punk y de crítica a una sociedad excesivamente consumista. A veces deliberadamente agresivos, sus pintas rockeras y su actitud rebelde y antiartística les ha acabado convirtiendo en enfants terribles del arte. En alguna entrevista confiesan haber rechazado encargos de retratos de celebridades como Elton John o David Beckham, y en cambio sentirse más atraídos por el arte pop de Gilbert y George. Sea como fuere, han demostrado que, como dice Miguel D´ors al hablar de Charlie Parker, es posible alcanzar el «esplendor de la rosa y el estiércol».

 


   Delicious Guardar este sitio

Escribir comentario

Comentarios: 0

  • loading